
belgrano
Belgrano le contesta: "Dígale usted a su General que se despedaza mi corazón al ver derramar tanta sangre americana; que estoy pronto a otorgar una honrosa capitulación (...)" En un gesto que lo caracterizará, resolvió evitarle la humillación de entregarle su espada y le abrazó ante los dos ejércitos. Eran adversarios, mas no enemigos, pues se profesaban mutuo afecto. Se cavó una fosa común y los muertos de ambos lados fueron enterrados y sobre esta tumba una gran cruz de madera llevaba la siguiente inscripción: "A los vencedores y vencidos en Salta, el 20 de febrero de 1813".
batalla de salta
wikipedia
El enviado realista a parlamentar fue el coronel La Hera quien negoció con Belgrano que al día siguiente los soldados abandonarían la ciudad en marcha, con honores de guerra, y depondrían las armas; Belgrano garantizaba su integridad y libertad a cambio del juramento de no empuñar nuevamente las armas contra los patriotas, un gesto inusual que ganó para su causa a no pocos de los combatientes enemigos. Los prisioneros tomados antes de rendición serían liberados a cambio de los hombres que José Manuel de Goyeneche retenía en el Alto Perú.
Dígale usted a su general que se despedaza mi corazón al ver derramada tanta sangre americana: Que estoy pronto a otorgar una honrosa capitulación, que haga cesar inmediatamente el fuego en todos los puntos que ocupan sus tropas, como yo voy a mandar que se haga en todos los que ocupan las mias.
Los prisioneros realistas, entre ellos el mismo Tristán, fueron puestos en libertad luego de jurar que no volverían a tomar las armas contra la revolución americana, sin embargo el arzobispo de Charcas (Moxó) y el obispo de La Paz (La Santa) los eximieron de su juramento declarando que Dios no consideraba válidos los tratados hechos con los insurgentes a quienes se consideraba herejes.10 Con los oficiales y soldados que quisieron volver al servicio el mariscal Pezuela formó un batallón de infantería y un escuadrón de dragones llamados ambos "Partidarios" y que se distinguieron posteriormente en las batallas de Vilcapugio y Ayohúma.11
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TRIUNFO DE LA HUMANIDAD Y EL AMOR.
Lo que hizo más grande a Belgrano ese día, lo que lo distinguió de todos los generales pasados y futuros que tuvieron a su cargo acciones de guerra, fue su gran humanitarismo.
Aun victorioso, quiso frenar tanta muerte inútil y tanta sangre de americanos. Téngase en cuenta que el Ejército realista no estaba formado por europeos: hasta su general era americano y la mayor parte de sus hombres provenían del Perú y el Alto Perú, pueblos que Belgrano se proponía liberar.
En vez de dejarse llevar por el deseo de glorias guerreras ("No busco gloria sino la union de los americanos", decía), Belgrano decidió otorgar a los realistas una capitulación honorable.
Esta medida fue muy criticada por quienes, como observaba irónicamente Belgrano, "están lejos de las balas, no ven la sangre de sus hermanos ni oyen los clamores de los infelices heridos". En su correspondencia a Chiclana comentaba que todos los días recibía cartas en la que le reprochaban "no haber hecho degollar a todos" los vencidos...
Matar a los derrotados, dejar los muertos sin sepultura y clavar cabezas en las columnas miliares de los caminos eran prácticas comunes de los realistas. Del lado criollo, tampoco faltaban los militares sanguinarios. Entre los críticos de Belgrano se anotaron un lider federal como Dorrego y un historiador unitario como Mitre. A la hora de ser sanguinario, no había diferencias entre unitarios y federales, que llenarían la tierra de sangre fracticida en los años posteriores.
Belgrano, como político superior que era, y como hombre de corazón, no estaba dispuesto a degollar a dos mil setecientas personas. Y como no podía mantener prisionero un número tan grande, decidió liberarlos bajo juramento.
El amor es más efectivo que la crueldad y la violencia. Esta medida de Belgrano tuvo un éxito impresionante al cimentar la causa patriota demostrando que la Revolución estaba guiado por más nobles fines. Sólo trescientos juramentados rompieron el juramento. Y los demás se convirtieron en simpatizantes y propagandistas de la causa revolucionaria, provocando con su prédica subterránea la mayor deserción registrada en las filas realistas desde el comienzo de la guerra.
Además, Belgrano mandó rendir honores a los muertos de ambos bandos y recibir cristiana sepultura, como acostumbraba. Nada de degüellos ni cabezas cortadas ni cadaveres abandonados. ¡Compárese a este General humanista con los sanguinarios jefes unitarios y federales que despues vinieron, expertos en cortar cabezas de compatriotas! ¡Compáreselo con el bárbaro Mitre, asesino de paraguayos, o con el bárbaro Roca, asesino de indios! Y ni qué hablar de los bestiales genocidas que vinieron después...